Primero lo Primero

1 Crónicas 25:7-8
Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho. Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
Cuando comenzamos a servir al Señor, después de haber nacido de nuevo, comenzamos también a servir a nuestros hermanos en la congregación. Cada iglesia tiene su liturgia: algunas pueden asemejarse, pero en fin, cada una posee distintas particularidades, por ejemplo: oración al inicio de la reunión, seguido de algunas canciones de alabanza, luego es el turno de los diezmos y ofrendas, continuando con los pedidos de oración, predicación de la palabra, una alabanza más y finalmente una oración de despedida. Más o menos es así una reunión de culto general.
En el área musical existen congregaciones con músicos realmente talentosos, al igual que en otras presentan músicos con vocación de servicio, líderes de alabanza con un título profesional y otros que han ido aprendiendo a medida que pasaron los años.
¿Cuál es el punto aquí? Cualquiera que sea la forma o método que se use o el tipo de músicos que haya, se requiere ser "APTOS" a la hora de servir al Señor y a nuestra congregación. Surge otro interrogante, ¿se requiere una aptitud ministerial o musical? Obviamente ambas es lo mejor, pero debido a la diversidad cultural, no siempre se dispone de los recursos necesarios.
Sí hay una APTITUD que todos debemos tener, es la APTITUD ESPIRITUAL; ya que al comenzar a transitar en los caminos del Señor y empezar a servirle, debemos cultivar una vida de disciplina en la ORACION y LECTURA de Su Palabra, ambas conductas deben ser nuestro baluarte diario.
En el versículo 1 del capítulo 25, el autor de Crónicas utiliza una palabra justa para lo que quiero expresar: "hombres idóneos para la obra de su ministerio", es decir, idoneidad en el ministerio. Debemos ser idóneos no solo profesionalmente sino también espiritualmente.
Primero lo primero.
Debemos poner por sobre nuestro talento o capacidad, nuestra relación personal con Dios, ya que no es suficiente la pasión o la voluntad para hacer las cosas, sino que es menester llevar una vida consagrada a Él.
Necesitamos ser idóneos para la obra del ministerio y de esta manera todo lo que hagamos será de bendición al cuerpo de Cristo y beneficioso para nuestro crecimiento personal.